Una historia de lucha, fe y comunidad
Antonia Peña, originaria de Chihuahua, comparte su historia de lucha como madre inmigrante en Parachute y cómo logró obtener su GED mientras impulsaba a su comunidad.
Soy originaria de Chihuahua, México, y hace más de 25 años llegué a Estados Unidos con un sueño: buscar mejores oportunidades de vida para mí y mis hijos. No fue fácil dejar atrás mi país, mi gente, mis raíces. Tampoco fue fácil empezar de cero en Parachute, sin casa, sin carro, sin conocer el idioma.
En ese entonces, la comunidad hispana era muy pequeña. Fui una de las primeras familias en llegar. Cuando llevé a mis hijos a la escuela, me encontré con una gran persona llamada Trish. Ella, siendo americana, mostró un interés genuino en ayudarnos. Trajo a una amiga que hablaba español y juntas nos ayudaron a inscribir a mis hijos: uno en high school, otro en BUE y la más pequeña en kinder. En kinder conocí a la maestra Shelly, quien nos brindó cariño y apoyo en todo momento.
Con el tiempo, entendí que yo conocía mejor que nadie a mis hijos, y que mis ideas también valían. En BUE enfrenté una situación difícil: uno de mis hijos tiene autismo, y hace 25 años no había la información ni el apoyo que existe hoy. Mi propósito fue hacerle saber a las escuelas que veníamos de una cultura diferente, con un idioma distinto, pero con el mismo deseo de aprender y ser parte.
Sin saber inglés, asistí a reuniones de la asociación de padres y maestros (PTA por sus siglas en inglés) para entender cómo funcionaba el sistema escolar. En varias ocasiones fui rechazada por una persona de la mesa directiva que no aceptaba a los hispanos. Pero no me rendí. A veces iba ella, a veces iba yo, pero nunca dejé de asistir. Con el tiempo, logramos que se ofreciera interpretación y que los padres latinos fuéramos parte del PTA. Hasta hoy, me siento orgullosa de ese logro.
La educación siempre ha sido una de mis metas. Luché y lloré para que mi hijo con autismo fuera aceptado entre todos los alumnos. Lo logré, porque insistí en que yo conocía a mi hijo y que debían escucharme.
Siempre he sido una persona que defiende los derechos y lucha por la igualdad. En la recesión de 2010, cuando muchas familias perdieron sus trabajos y hogares, abrí las puertas de mi casa. Por 20 años vendí tamales, y con eso ayudé a muchas personas. Aunque nunca lo conté antes, me llena de orgullo haber tenido contacto con familias que, por distintas razones, tuvieron que regresar a sus países.
Una de las personas que me inspira es Dolores Huerta, una mujer que admiro profundamente. En los últimos años, he tenido un mentor que me ha enseñado sobre liderazgo. Gracias a Carlos Martínez de Latino Community Foundation of Colorado, he sido voluntaria en su organización por ocho años, entrevistando a familias hispanas y aprendiendo sobre sus vidas en este condado.
También he promovido la educación en adultos. El Colorado Mountain College me dio la oportunidad de obtener mi diploma de high school (GED). Aprendí que nunca es tarde para graduarse.
Estoy orgullosa de Tinker Duclo, Vicepresidenta y Campus Dean del Campus de CMC de Rifle, quien promueve la igualdad y ha aprendido español para comunicarse mejor con nuestra comunidad.
Sigo luchando contra la discriminación que vivo por mi estatus migratorio. Aun así, he demostrado mis valores, no solo por mí, sino por toda la comunidad. Porque todo se puede, teniendo sueños y luchando.
Admiro a muchas personas hispanas por sus logros, y sé que un día yo también lograré todos los míos. No importa cuántas puertas se cierren, yo seguiré tocando. Mi historia es larga, pero creo en los sueños. Mi lema es:
“Donde no me meto, me asomo, y lo que no sé, aprendo.”